Hacerle la vida más fácil a tus hijos arruinará su futuro, ¿por qué?

Si sabes que tu hijo no es bien administrado, y todo el dinero que ahorra a tu costa se lo gasta en tonterías, estás dándole una ayuda de oso

 
El camino a la ruina financiera está lleno de buenas intenciones. Normalmente se culpa a la gente en quiebra de ser irresponsable, pero hay muchas personas bien administradas que terminan sin un centavo por hacer “el bien muy mal”.

La fábula del oso y el jardinero

Hay una antigua fábula oriental llamada “El oso y el jardinero”. Trata de un jardinero solitario que se encuentra con un oso y deciden hacerse amigos. El oso quiere mucho al jardinero y siempre le está haciendo favores. Una tarde le espanta las moscas de la cara mientras toma la siesta. Como no logra espantar a una mosca muy persistente que tiene en la cara, el oso toma una piedra para aplastarla pero al hacerlo también mata al jardinero.
El oso no pudo distinguir entre el bien inmediato para su amigo, que es espantarle una mosca, y el bien supremo que debería buscar que es mantenerlo vivo y a salvo. De esta fábula se deriva el término “favor de oso”, que es cuando se ayuda a alguien con buenas intenciones, pero las consecuencias de la ayuda son negativas. Los padres de familia solemos hacer favores de oso a nuestros hijos. A menudo, en nuestro afán de ayudarlos, quitamos de su camino obstáculos que podrían ayudarlos a forjar su carácter, hacerlos más pacientes, más agradecidos, o resilientes.
Hijos que no saben adultear
Hacer favores de oso es cada vez más generalizado entre los padres. Mi esposo y yo recordábamos cómo “en nuestros tiempos” íbamos solos a inscribirnos a la preparatoria y podíamos entrar y salir de la escuela cuando lo deseáramos. Se suponía que en ese nivel estudiábamos por convicción y no había necesidad de encerrarnos con candado en las instalaciones.
Sin embargo, hoy en día las preparatorias se parecen a las primarias y las secundarias, y los papás inscriben a sus “pequeños”, les lavan el uniforme para que vayan a clases y están tranquilos porque hay un guardia en la puerta de la escuela impidiéndoles salir. Con padres que le resuelven todo a sus hijos, viene una mayor dependencia de los adolescentes y adultos jóvenes, a quienes les toma cada vez más tiempo adquirir responsabilidad y madurez emocional.
Son veinteañeros y treintañeros a quienes se les hace tan difícil “adultear”: pagar cuentas, administrar sus recursos, organizar, limpiar y darle mantenimiento a sus cosas, tener prioridades sensatas… Pero el costo de dar ayuda de oso a los hijos no solamente se reflejará en su carácter y habilidades de supervivencia en la sociedad, sino que también se paga en la tranquilidad y finanzas familiares.
Hoy leí en las redes un comentario de una madre de la tercera edad de hijos adultos, decía: “¿Cómo puedo encontrarle sentido a mi vida después de no poder encontrar trabajo pues soy jubilada y no me alcanza para seguir apoyando a mis hijos a terminar sus carreras? Hay días en que me siento muy desesperada.”
Aunque no conocemos los detalles de la vida de esta mujer y de sus hijos, muchos le recomendaron que dejara que sus hijos adultos pagaran sus estudios por sí mismos, aunque les tomara más tiempo, y ella respondió que no se le había ocurrido hacerlo. “Si se pagan sus propios estudios—decía un comentario—los apreciarán más y saldrán de la escuela con experiencia, lo cual es una gran ventaja para encontrar empleo.”
Padres que hacen favores de oso
Los jóvenes de hoy pasan por muchas más dificultades económicas que antaño, y no tiene nada de malo que sus padres, si tienen posibilidades de hacerlo, les den alguno que otro empujoncito de vez en cuando, siempre y cuando esta ayuda no sea prohibitiva para los padres y los hijos tengan la madurez requerida para aprovechar y apreciar la oportunidad que reciben.
Si un chico ya es responsable y prudente, estudia y trabaja pero aun así no le alcanza para pagar la inscripción, ¿sería de ayuda completar lo que le falta? ¡Por supuesto que sí! Pero si sabes que tu chamaco no es bien administrado, y todo el dinero que ahorra a tu costa se lo gasta en tonterías, estás dándole una ayuda de oso. Si no conoce el valor del tiempo, del aprendizaje, del orden, de la compañía, o del dinero, todo lo que hagas por él deberás seguir haciéndolo hasta el final de tus días, porque no tendrá ninguna necesidad de aprender.
Los hijos únicos suelen tener relaciones más positivas con sus padres que los hijos con hermanos, y quizás una de las razones es la ayuda de oso. Los progenitores tienden a favorecer y ayudar más al hijo que “más lo necesita”, pero la razón por la que necesita ayuda suele ser porque se ha tardado en aprender lecciones de vida importantes… y si no le dejan cometer sus propios errores y sufrir sus consecuencias, seguirá necesitando ayuda por siempre, ¿por qué? porque la recibe.
«Cuando no necesites de mí, entonces te daré»
El señor T tiene su propia empresa y dos hijos. Uno de ellos es un doctor exitoso y el otro no quería estudiar ni trabajar. El señor T le daba mucha ayuda a su hijo doctor, aunque no la necesitara, y cuando el otro le reclamaba su padre, él respondía: cuando no necesites de mí, entonces te daré. Viendo que tenía que ganarse la vida aunque no le gustara la escuela, empezó un negocio de venta de semillas y ahora distribuye a media ciudad. Le va mejor que a su hermano doctor pero, ¿cómo estaría ahora si su papá lo hubiera “ayudado”?
Los padres somos guías y protectores de nuestros hijos, pero siempre con una meta en mente: que se vuelvan adultos responsables, independientes y felices. Si al protegerlos impedimos que crezcan, si somos incongruentes al pedirles que sean maduros mientras hacemos todo por ellos, entonces no estamos dando el ejemplo correcto.
El mejor regalo para los hijos
El mejor regalo que los padres pueden hacer a sus hijos es ser independientes ellos mismos el mayor tiempo posible. Como padre o madre, cuidar de ti, de tu salud, de tus finanzas y hasta de tu estado emocional le quitará una enorme carga a tus hijos. Si descuidas tus propios asuntos por ayudar a un hijo, es posible que termines siendo una carga para otro hijo o familiar.
Algunas recomendaciones para no dar ayuda de oso a los hijos son:

  • Preescolar – que se levanten solos después de una caída, que luchen por tomar los juguetes difíciles de alcanzar, que hagan cada vez más cosas por sí mismos.
  • Etapa escolar – ¿se les olvidó el lunch o la cartulina? no se los lleves a la escuela, o seguirán olvidándolo todo. Enséñales cómo administrarse desde pequeños. No pongas en riesgo tu salud financiera por inscribirlos en una escuela privada.
  • Preparatoria o universidad – en una sociedad compleja como la nuestra, necesitan de tu orientación más que nunca. Ayúdalos a decidir a qué dedicarse, y oriéntalos en el proceso, pero no los lleves de la mano a hacer los trámites. Y anímalos a vivir solos antes de casarse. Así apreciarán el valor de la compañía.
  • Pareja o matrimonio – en casa tus padres hacen todo por ti sin esperar nada a cambio. Pero una relación de pareja no puede funcionar bajo esa premisa. Vivir separados de los padres te obliga a formar equipo para resolver los problemas sin ayuda, te enseña la importancia de negociar y de comunicarse, y te permite descubrir a tiempo, desde joven, el verdadero costo de la vida.

¿Cómo terminan los peores casos de papás oso? Con padres e hijos en la quiebra, unos y otros incapaces de ayudarse entre sí.