La BAMBALINA después de 30 años

Hoy en día hay algunas manifestaciones de calidad pero esto no tiene que ver con ninguna política oficial, es el esfuerzo y tesón de los creadores

Todas las noches, después de ensayar en el Teatro 8 de Octubre, nos íbamos caminando por la Chichén hasta la Torcasita, hablando del futuro. Éramos cuatro chamacos veinteañeros que recién regresábamos de Cuba y que manejábamos un pequeño foro: la juventud de la Bambalina, que era dirigida en aquel entonces por Leonardo Kosta. Hirán y yo no lo sabíamos pero el viejo terminaría siendo nuestro Maestro.
Carlos Luna era por eso días la joven promesa, por lo que se le ocurrió montar una obra para niños: “Kiko kiriko y el espantapájaros”. La puesta era un proyecto que realizamos los jóvenes con nuestros propios recursos, financieros y artísticos. Cuando pensamos que estaba listo, Leonardo nos consiguió una función piloto en la escuela Wichita, un día de entre semana frente a un grupo de cuarto año, después del recreo. Esa función fue como correr con polainas, porque ese día entendimos a qué se referían cuando nos decían que debíamos tener energía. Aquel verano de 1994 nos dejó una cantidad de recuerdos y experiencias teatrales y humanas que definieron el rumbo que tomaríamos y, por consecuencia, “La Bambalina”.


La bambalina no tiene una fecha de fundación pero la primera experiencia del equipo original fue en 1989, con una pastorela llamada “Por las calles de Cancún”. La idea primigenia era enseñar a profesores para que éstos pudieran enseñar en sus escuelas, pero terminó formándose un grupo heterogéneo de cancunenses que deseaban con todo el corazón hacer teatro. 
Las primeras funciones las realizaron en el auditorio 20 de abril del palacio municipal, lo que es hoy la sala de cabildo. Luego realizaron “Los entremeses cervantinos” en el Sor Juana Inés de la Cruz, un parque ubicado a un costado del palacio municipal, donde los fines de semana los cancunenses se daban cita para ver teatro y disfrutar de pan, queso y vino en unas mesas pesadísimas que podíamos dejar en la calle y nunca nadie se atrevió a robar.
Por lo menos cuatro años La Bambalina se presentó y ensayó en el parque. Entre las puestas de esa época estuvieron “La petición de mano y el oso”, de Chejov; “Aquí está Juana Tenorio”, de Raúl Vale Solís; “Los perros”, de Elena Garro, y muchas pastorelas. Cada función se armaban y se desarmaban las luces y el sonido. Los más jóvenes éramos los encargados de dicho trabajo; entendíamos que había que ganarse el lugar en el grupo, y sin chistar fuimos primero técnicos y tramoyas antes de subirnos al escenario.
Pocos se acuerdan, pero en 1992 y en 1993 se realizaron dos festivales internacionales de teatro en Cancún, organizados por El Patronato por los Jóvenes de Cancún, el Ayuntamiento de Benito Juárez, El Patronato por la Amistad Quintana Roo-Cuba y el grupo La Bambalina. 
Este festival dio como resultado una invitación a Cuba para realizar una gira por la provincia de Matanzas y luego otra por la Habana con la obra “Aquí está Juana Tenorio”. Esta experiencia fue un parteaguas en La Bambalina, pues al regreso, gracias al apoyo de José Luis Ochoa, Delegado del IQC (hoy el ICA), se adaptó una bodega que tenían en la Chichén con Tulum, junto a bomberos, para convertirla en el “Teatro 8 de Octubre”. Se consiguió que se le realizara la isóptica y que se le hiciera una entrada. La Bambalina puso el equipo de iluminación y sonido, y a los jóvenes nos tocó la fuerza de trabajo.

Por cinco años trabajamos y operamos el 8 de Octubre. En este tiempo, Hirán y yo nos dimos cuenta de que si queríamos crecer teníamos que alejarnos de algunas personas y juntarnos con otras. Así terminamos trabajando hombro a hombro con Leonardo Kosta y Pilar Vega. En el 8 de Octubre se presentaron puestas como “Leona Vicario”, “Tomochic”, “Bienvenido a Cancún”, y se implementaron las Noches de Teatro Bar, las cuales permitieron que el espacio fuera autosustentable. 
Después de salirnos del 8 de Octubre, La Bambalina realizó “El mercader de Venecia”, “Medea” y “La controversia de Valladollid”, montajes que realizaron gira por el estado de Quintana Roo gracias al apoyo de la Fundación Oasis, que patrocinó las producciones.
Cuando Leonardo decidió regresar a Querétaro la dirección del grupo quedó bajo mi responsabilidad, lo cual pude hacer gracias al apoyo de Hirán Sánchez, Isabel Zárate, Adrián López Thorton e Iván Gordillo, con quienes en ese momento conformamos Actuemos Juntos Asociación Civil, que no solo apoyaba a La Bambalina, sino a muchos artistas en Cancún. La bambalina en este tiempo asistió a dos Muestras Nacionales de Teatro.

Después del 2005 yo emigré a Mérida, y durante este tiempo la dirección del grupo quedó sobre los hombros de Hirán Sánchez que, a pesar de los cambios y el detrimento de las instituciones culturales en Quintana Roo, ha mantenido el nombre a flote, por lo que este año el grupo llega a 30 años de existencia. 
Hoy en día en Cancún se sigue haciendo teatro contra viento y marea. Desde hace treinta años los teatristas siguen produciendo a pesar de las instituciones. Desde siempre ha habido entusiastas. Hoy en día hay algunas manifestaciones de calidad pero esto no tiene que ver con ninguna política oficial, es el esfuerzo y tesón de los creadores. El próximo año se cumplen cincuenta años de Cancún; ya veremos si se cura la miopía institucional y miran al teatro como una actividad profesional y no un pasatiempo que pueden mangonear a cambio de apoyos exiguos.