No es por racismo pero malditos nacos que no saben ni hablar

 El color del privilegio: ¿qué hay detrás de nuestras costumbres, chistes, películas, programas de televisión, revistas y lenguaje? 

No es por racismo pero malditos nacos que no saben ni hablar. Todos tenemos algo de racistas o clasistas, la cuestión es si lo  reconocemos o no. Hay varios tipos de racistas, pero, quizá la forma más fácil de distinguir al recurrente, es por la manera de construir sus frases, que incluyen muchos sin embargos y asegunes. El típico racista vergonzante empieza diciendo: «No es por ser racista, pero…» o «No es porque Evo Morales sea indígena, aunque…». Este tipo de preámbulos casi siempre suelen ir seguidos de un prejuicio racista o un planteamiento que tiene por resultado último discriminar a las personas. A través de un ensayo incisivo y provocador, el analista político Hernán Gómez Bruera desentraña una de las problemáticas más acuciosas de la sociedad mexicana: el racismo y el clasismo en un libro titulado “El color del privilegio”. Y… ¿vale la pena analizar si somos o no racistas? Por el bien de nuestro país, creo que sí…

ERES RACISTA, SOY RACISTA, SOMOS RACISTAS

Lo primero que normalmente aseguramos es “Yo no soy racista” pero, qué tal decir o pensar, “no es porque Evo Morales sea indígena, pero es claro que tiene limitaciones para ser un digno jefe de Estado”. Gómez Bruera no está descubriendo nada nuevo, quizá su investigación toma más relevancia en estos momentos debido al desprecio de ciertos sectores hacia el titular del gobierno federal, y que, muy probablemente, tiene que ver con un velado pero indiscutible racismo y clasismo… Mediante una investigación y el análisis de ejemplos, el autor devela los mecanismos de exclusión de un sistema social y económico que brinda ventajas a un sector de la población, al tiempo que discrimina y segrega a otro. “Eres un racista. Sí, tú. Lo eres tú… y lo soy yo. Lo somos todos. Ya va siendo hora de que dejemos de engañarnos a nosotros mismos porque todos tenemos, en mayor o menor medida, algo de racistas. Así inicia este ensayo… 

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DISCRIMINACIÓN EN MAYOR O MENOR INTENSIDAD

El color del privilegio, analiza cómo el tono de piel y los rasgos físicos, determinan las oportunidades a las que las personas pueden o no acceder y muestra distintos tipos de racismo. Y es que… estemos o no dispuestos a reconocerlo, nos guste o no nos guste, el racismo en México es una práctica cotidiana y normalizada; un hecho que se da y se repite, que va desde las formas más abiertas y evidentes hasta las más disimuladas e inconscientes. Aunque claro, para ser justos, -y como destaca el autor- así crecimos y así hemos sido educados, siendo partícipes de un conjunto de prejuicios que fácilmente pueden derivar en prácticas de discriminación racial… eso sí, algunas muy intensas, con un dolo tremendo y otras no tanto… Ejemplos sobran: el empleador que, a la hora de la verdad, prefiere al güerito antes que al de tez morena para ocupar determinada vacante, el que se inclina por aquel que no tiene rasgos atribuidos a los indígenas o afrodescendientes… 

SI SOMOS GUERITOS, SOMOS ACEPTADOS

No es por racismo pero malditos nacos que no saben ni hablar. Y qué tal otra forma de racismo, el llamado estético que se expresa en frases como: «aunque el niño es morenito, está bonito», «es una florecita de pantano», «la blancura es la mitad de la hermosura» o incluso en el uso del término chacal, utilizado para referirse a un hombre que, aunque resulta atractivo, tiene rasgos considerados mesoamericanos o proviene de un código postal que se considera de baja ralea… El racista de lo estético es el que asocia de forma automática la tez clara a la belleza, sea o no consciente de ello. Es también esa persona que solo puede sentirse físicamente atractiva si logra acceder al ideal de blanquitud. Es esa mujer que permanentemente está buscando ser güera, ya sea a través de tintes de pelo, cremas blanqueadoras o cirugías estéticas para tener rasgos más afilados y de tipo occidental…

CLASISMO, HOMOFOBIA, MACHISMO

Por eso, como advierte Gómez Bruera, si genuinamente queremos vivir en una sociedad sin racismo debemos comenzar, en primer lugar, por reconocer el problema, algo similar al paso que tiene que dar el alcohólico al aceptar el problema que padece y trabajar todos los días para solucionarlo. Lo mismo pasa, seguramente, con otras formas de discriminación: para superar el machismo, el clasismo, la homofobia o la xenofobia, debemos reconocer que somos machistas, clasistas, homófobos o xenófobos. De lo que se trata es de revisarnos a nosotros mismos, analizarnos y así descubrir dónde se aloja ese racismo que muchas veces no somos siquiera capaces de identificar y que otras veces aceptamos como si fuera algo «chistoso». El proceso pasa por reflexionar sobre nuestra forma de ser, pensar y actuar, lo que hacemos y dejamos de hacer, lo que decimos o dejamos de decir. Implica revisar lo que determina nuestros gustos y prácticas cotidianas para ser capaces de identificar en qué reducto de nuestro ser se aloja ese racismo nuestro de cada día y… evitarlo…

*Yvette Hesse E. Directora de Grupo Editorial Kankun y Gente Q.Roo, revista de negocios y política. 

Facebook: yvette.hesse        Twitter: @YvetteHesse

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