Qué son los probióticos y por qué son más necesarios que nunca

Estos organismos vivos tan buenos para la salud se pueden encontrar, por ejemplo, en el yogur o en suplementos alimentarios, entre otros

Habrás oído hablar de los famosos prebióticos y probióticos, pero aunque solo les diferencie una vocal, son totalmente distintos. Mientras que los primeros son compuestos que nuestro organismo no puede digerir, pero que tienen un efecto en el intestino al estimular la actividad de los segundos, los probióticos son organismos vivos que se toman para aumentar la población de los microorganismos «buenos» que tenemos en nuestro intestino, los cuales forman nuestra microflora y flora intestinal.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) emplearon el término probiótico a principios de los 2000 para referirse a «microorganismos vivos que, cuando se consumen en cantidades apropiadas como parte de un alimento, confieren un beneficio para la salud», y actualmente la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) acepta que se utilice este término en las etiquetas de los alimentos y complementos alimenticios vendidos, de acuerdo con el Principio de Reconocimiento Mutuo entre países de la UE.

Tal como cuenta la dietista-nutricionista Mireia Cabrera, cuando hablamos de probióticos hay un aspecto muy importante a tener en cuenta: sus beneficios que comentaba anteriormente son cepa dependientes. «Esto quiere decir que dependiendo de la cepa de bacteria que haya en el probiótico obtendremos unos beneficios u otros (o incluso ningún beneficio). Por eso muchas veces no es cuestión de tomar un probiótico cualquiera, sino de buscar uno que contenga aquella cepa específica y adecuada para el tratamiento de cierta enfermedad o para el beneficio en concreto que estemos buscando», explica.

Entre todos sus beneficios, la experta en nutrición resalta que mejora el estreñimiento y la diarrea y tienen un papel importante en el tratamiento de enfermedades intestinales como la colitis ulcerosa: «Cada vez hay más estudios sobre probióticos, aunque aún no podemos sacar conclusiones demasiado firmes».

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Dónde encontrar probióticos

Ana Colomer, dietista-nutricionista, asegura que estos organismos vivos tan buenos para salud se pueden encontrar, por ejemplo, en el yogur o en suplementos alimentarios, entre otros: «Los probióticos naturales son los que encontramos de forma natural en los propios alimentos. El yogur contiene probióticos al ser leche altamente fermentada, y estos microorganismos vivos se les conoce como lactobacillus». Continúa contando la experta que estos lactobacillus son los que ayudan a regenerar la microflora y flora intestinal pudiendo llegar a mejorar las digestiones, evitar los gases y reducir las diarreas o el estreñimiento. Al parecer, otro producto que ha salido recientemente al mercado con probióticos es la kombucha, una bebida fermentada.

En los suplementos probióticos, en cambio, encontramos una gran variedad ya que existen millones de cepas: «Según el fin del uso del probiótico se debe de elegir un tipo u otro, y en función de las cepas que contenga un probiótico, el suplemento estará más destinado a regular el transito intestinal o mejorar las digestiones, entre otros», cuenta la experta. Para la nutricionista es muy importante consultar a un especialista sobre los efectos que producen estos suplementos antes de iniciar la suplementación.

No te pases con los probióticos

Pero, como todo, tomar probióticos también es bueno en su justa medida. Los probióticos tomados en forma de suplementos normalmente no suelen tener efectos adversos graves aunque si padecemos alguna enfermedad digestiva puede ser que dependiendo del estado del sistema digestivo no sean del todo indicados. Indica Mireia Cabrera que aún se está estudiando qué efectos a largo plazo pueden tener. «Es muy importante recalcar que, aunque no necesiten receta médica para comprarlos, es muy recomendable consultar antes a un profesional», alerta.

Además, si consumimos muchos probióticos podemos desequilibrar nuestra flora o, incluso, sobrepoblarla produciendo una alta cantidad de gases, retortijones o diarreas.

ABC

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