MIEDO AL RIDICULO. El temor a que los demás nos juzguen mal, se burlen de nosotros o nos tomen por tontos, no sólo resulta infundado, ya que la mayoría de las vecesúnicamente está en nuestra mente, puede además, limitar seriamente nuestra existencia y paralizar lo mejor de nosotros. Cuando una persona siente la sensación del ridículo, suele ir de la mano de una baja autoestima y de una gran inseguridad.
Cuanto tú piensas que estás haciendo el ridículo, ¿qué sientes? ¿Eres capaz de sonreír? ¿Eres capaz de mostrar un gesto de complicidad y reírte de ti mismo? ¿Puedes tomártelo con humor? El ridículo momentáneo puede olvidarse con el tiempo, pero a veces puedes llegar a pensar que el ridículo está de forma permanente en ti, sería el caso que pienses que tener algún aspecto físico que te hace sentir ridículo (tu nariz, tu boca, tus orejas, etc.) y ello te hace sentir más temor.
El temor al ridículo condiciona a la persona de tal modo que muchas veces pasa gran parte de su tiempo mirando con lupa cosas que sola ella ve. A menudo la actitud crítica que tienen las personas tímidas e inseguras, es utilizada para degradar su propia imagen en vez de potenciarla, ello hace que caigan en la trampa de perder la espontaneidad y actúan de un modo tan mecánico, que pierden de vista su modo real de concebir las cosas.
La constante sensación de parecer ridículo, nace de la actitud continua de la persona tímida de sentirse examinada y juzgada negativamente, lo cual determina una conducta exigente basada en el nerviosismo y la ansiedad. La persona que siente miedo al ridículo siempre se pregunta: ¿Qué van a pensar de mí? ¿Y si lo que voy a decir no tiene sentido? ¿Qué haré, dónde me esconderé, si mis ideas sólo generan carcajadas?
Estas preguntas y este diálogo interior son habituales en quienes viven amenazados por el miedo al ridículo y a un temor a que se rían de ellos o a hacer algo inconveniente delante de los demás, lo cual genera ansiedad y dificulta las relaciones sociales.
Además de un creciente malestar, la limitación o prohibición auto-impuesta de hacer, decir o proponer cosas que puedan resultar ridículas o inadecuadas para la mentalidad de los demás, termina por cortar las alas a la creatividad y espontaneidad, y en muchos casos obliga a renunciar a ser auténticos, a ser uno mismo, con defectos y virtudes.
Cuando una persona tiene miedo a quedar en ridículo renuncia a menudo a ser fiel a sí mismo y a las iniciativas que se le vienen a la mente, dejando que muchas de esas ideas, palabras o acciones las digan o hagan otras las personas, quedando así una sensación de amargura y vacío en ella pensando en que pudo hacerlo pero no tuvo el valor.
Por eso hay que aprender a reírse de uno mismo y de los demás: “En la calle, el restaurante, el autobús, tren o metro, la oficina, hay que fijarse en las cosas graciosas y ridículas que hace la gente que nos rodea, lo cual también es un buen antídoto contra el sentimiento de ridículo, porque todo el mundo protagoniza situaciones que dan risa.
¿Cómo vencer el miedo al ridículo?
- Piensa que todos alguna vez en la vida hemos cometido errores o metido la pata.
- Estas situaciones de ridículo nos enseñan, pues, de ellas se aprende cómo actuar y en un futuro, cómo debes reaccionar ante ciertas situaciones.
- Cuando cometes un error o sientes que quedaste en ridículo no te preocupes, aunque no lo creas, las personas que te vieron en esa situación, lo olvidan rápido.
- Para erradicar la tensión mental provocada por el ridículo, cuenta lo que te pasó a un amigo, cuéntalo con un humor o ironía y ríete de lo que pasó.
- Hay que recordar que la única manera de perder el miedo a hacer algo es precisamente enfrentándose a él y no pensar en lo que va a pasar.
Ten en cuenta que es importante impedir el sentimiento del miedo al ridículo desde que se presenta, para evitar que el mismo se aloje en nuestra mente. Lo verdaderamente ridículo, o en todo caso triste y lamentable, es vivir obsesionado por la opinión de los demás, o que nos preocupe más nuestra imagen o lo que piensan de nosotros, que lo que en realidad somos y sentimos.
Hay que aprender a vivir con naturalidad y disfrutar lo más que se pueda, ya que la vida es una y tenemos que aprovecharla al máximo.
A medida que vayamos superando situaciones iremos ganando confianza y seguridad y eso generará un estado de satisfacción que, sin duda, redundará en beneficio de nuestra salud tanto física como psicológica y emocional.
Si tienes miedo al ridículo y sientes que ese miedo te paraliza no hay por que sentirlo ya que este temor se puede superar, se recomienda asistir a tratamiento psicológico, para poder superar este miedo y poder salir adelante y enfrentarte a la sociedad sin ningún tipo de complejo.
Miedo al ridículo ¿cómo vencerlo?
¿Qué es lo ridículo?
Lo ridículo es una cualidad que puede provocar placer humorístico, y que aparece marcada por una incongruencia o desproporción que implica alguna presunción o vanidad. Es percibida siempre en personas (o bien en objetos o manifestaciones, siempre que remitan de algún modo a personas), y la risa o sonrisa que causa está teñida en alguna medida de un ánimo de crítica, desprecio y burla.
En lo ridículo se halla siempre comprometida la subjetividad de su fuente; la presunción o vanidad que implica tiene un sentido social, constituye una forma de comunicación. Por tanto, si produce placer se percibe como un caso particular de lo humorístico.
Ahora bien, en lo que atañe al receptor, cabe observar que es posible que este atribuya a la fuente una presunción o vanidad que objetivamente no existe en ella. Lo ridículo, entonces, residirá tan sólo en la subjetividad del receptor. (Pero, como ya indicamos al principio, no vamos a sumergirnos aquí en cuestiones como estas, innecesarias para nuestro propósito).
Aunque casi toda la terminología relacionada con lo cómico y lo humorísticosufre un verdadero vapuleo semántico ―y no sólo por parte del vulgo―, conviene comentar especialmente aquí el uso del concepto ridículo en la expresión “poner en ridículo” o “ridiculizar“. Dicha expresión se usa libremente con el sentido de dejar a alguien mal parado, en evidencia, burlado, vencido por amplio margen, etc.
Pero en muchos de estos casos su objeto, la víctima, no está afectada realmente por la ridiculez, tal como la hemos definido, ni ha hecho realmente el ridículo, y ni siquiera el hecho en cuestión ha provocado el menor placer humorístico.
Una auténtica situación de ridículo, por tanto, se produce cuando los hechos contradicen flagrantemente cualquier supuesto marcado por una presunción o vanidad, y dicha contradicción o quiebre provoca un placer humorístico.
Es el caso, por ejemplo, de quien presume o sugiere ostensiblemente poseer una cualidad o habilidad que, de súbito, por algún imprevisto o por error del presuntuoso, se revela falsa, inexistente. La gente se ríe o se sonríe, con disimulo o a las claras pero no es necesario un imprevisto o un error momentáneo: también hace el ridículo, por ejemplo, quien presume claramente de una imagen seductora o elegante, digamos, cuando su vestimenta o su conducta lo contradicen, sea de manera sutil o escandalosa.
En cualquier caso, la medida en que la presunción o vanidad haya motivado un sentimiento de rechazo, determinará el grado de “venganza” y desvalorización contenido en la risa o sonrisa que se provoque. Es por esto que si un poderoso hace el ridículo, se disfruta más ―y con más saña― que si lo hace un pobre diablo.
Aramís Quintero
Pepe Pelayo