El turismo vuelve a Belfast

Escenario durante 35 años de enfrentamientos, Belfast, la capital de Irlanda del Norte, se vuelca con los turistas para acercar a católicos y protestantes, generar trabajo, y avivar el interés de los visitantes por su reciente historia

Después de tres décadas de enfrentamientos armados, la capital norirlandesa intenta olvidar el pasado y se reinventa como atracción turística. Un museo dedicado al Titanic, recorridos para entender su historia a través de los icónicos murales pintados por paramilitares, o los tradicionales pubs irlandeses, son algunas de las ofertas que ofrece esta metrópoli.
Son varias las razones que explican el aumento de viajeros que eligen visitar Belfast. «La estabilidad política, la promoción del turismo de ocio, los negocios o la visita de cruceros», son algunas de las claves que empujan a la reconversión de Belfast», dice a Efe la representante de la oficina de turismo «Visit Belfast», Fiona Ure.
MUSEO DEL TITANIC, REVIVA SU HISTORIA.
Uno de los atractivos que la ciudad portuaria está promocionando con más Ènfasis es el «Titanic Belfast». Un museo interactivo situado en los astilleros donde fue construido el conocido buque que la noche del 12 de abril de 1912 colisionó contra un gran bloque de hielo y se hundió en las aguas del Atlántico Norte.

Fue en conmemoración por el centenario del hundimiento de la nave (2012), cuando se inauguró este complejo que puede acoger hasta 3.547 visitantes (justo el mismo número de personas que iban en aquel fatídico viaje), que recorre y muestra la historia, la magia y la leyenda del Titanic.
El recorrido por este impresionante predio lleva a conocer todos los detalles previos y posteriores a la catástrofe de 1912, cuando el buque, que los expertos estimaban que nunca podría hundirse, tuvo su viaje inaugural y su naufragio.
Una semblanza de Belfast, la ciudad industrial que a principios del siglo pasado era líder mundial en el sector de la ingeniería y de la construcción naval, también está contemplada en el periplo. 
Experimentar cómo era cada recoveco de la nave en una cueva en tres dimensiones, que implica «caminar» por los pasillos del Titanic, es otra de las atracciones. 

Además de visitar el «Titanic Belfast» y lo que queda de los astilleros de Harland y Wolff, vale la pena detenerse a contemplar el «SS Nomadic», conocido como «el hermano pequeño del Titanic», situado justo en frente del museo, en el muelle Hamilton Graving.

La capital norirlandesa está· inundada de cientos de pubs tradicionales en los que el visitante puede deleitarse con una buena cerveza a ritmo de música típica

Se trata del único barco que queda de la compañía White Star Line, la destacada empresa  de navíos que se ocupó de llevar a cabo la construcción del Titanic.
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La cultura irlandesa tiene una relación muy estrecha con la música y la cerveza, una combinación perfecta para reunirse con los amigos en cualquiera de los cientos de pubs  tradicionales que inundan la ciudad.
La «cultura de pub» es uno de los elementos mas exóticos. «Todo nace, crece y se desarrolla en los bares. Son auténticas instituciones. La arquitectura y el cuidado de los detalles hacen de ellos unos espacios realmente entrañables», afirma Pol D’Olesa.

En cualquier bar se puede encontrar a grupos tocando música tradicional irlandesa. «A través de las canciones cuentan su historia y pasado», apunta, aunque reconoce que «el principal atractivo es su gente. Los irlandeses siempre tienen una sonrisa o una conversación para ofrecerte. Son extremadamente educados y te ayudan en todo lo que pueden. Es muy común acabar hablando con alguien en cualquier pub».
Por su parte, Fiona Ure, asegura que «como los norirlandeses no están cansados de los turistas, la gente les da la bienvenida y siempre dispuestos a socorrerles cuando lo necesitan».
MURALES, LAS HUELLAS DEL CONFLICTO.
Pero la historia política es, sin duda, uno de los atractivos principales de esta ciudad. Los muros de Belfast, conocidos como «muros de la paz», levantados en 1969 para segregar católicos de protestantes, hablan de su pasado más oscuro y permanecen más de una década después del fin conflicto.
Se extienden a lo largo de 20 kilómetros y miden a veces más de siete metros de alto. Están hechos de piedra y metal, con alambres de espinos y cámaras de vigilancia. Actualmente el recorrido turístico por esta zona se cierra diariamente a las 19.30 horas.

En el lado oeste (el católico) persisten las pintadas de las llamadas a las armas, recordando que la paz no ser· posible mientras persista la ocupación británica. En el este (el protestante) emergen los rostros de los paramilitares en medio de un ondear incesante de «Union Jacks»(bandera nacional del Reino Unido).
Lejos de ocultarlos, los norirlandeses muestran, en ocasiones con cierta resignación, las tapias marcadas por grafitis pintados por paramilitares repletos de mensajes de identidad que hablan de una reconciliación imposible. 
Muchas organizaciones preparan rutas por el muro y los barrios segregados con el fin de que los turistas puedan entender el conflicto desde sus adentros. 
«La organización Coiste (ComitÈ de Expresidiarios CatÛlicos), emplea antiguos presos republicanos para mostrar la zona oeste. Por su parte, Epic (Organización de Exprisioneros Unionistas), organiza sus visitas explicadas por ex reclusos loyalistas», afirma la representante de «Visit Belfast», Fiona Ure.
Estos grupos organizan excursiones y emplean ex prisioneros con la idea de ayudarles a enfrentarse al pasado y no sentirse culpables ni aislados por lo ocurrido. «Se trata de una manera de ofrecer una salida laboral a ex paramilitares que, en ocasiones, han pasado muchos años en prisión», explica Pol D’Olesa, guía de Coiste.

La organización para la que trabaja D’Olesa, oferta excursiones para grupos, tanto en inglés como en castellano. «Los tours políticos son una buena herramienta para conocer las razones de la situación que se vive actualmente», remarca.
La demanda es constante, «diariamente vemos en las calles de Belfast autobuses y taxis repletos de turistas sacando fotos y escuchando las explicaciones. Hay picos en Semana Santa y verano, pero es un turismo que se mantiene todo el año», reconoce D¥Olesa. 
Tras el Acuerdo de Viernes Santo en 1998, las bombas dejaron paso sin remedio al levantamiento de más muros. Hoy en dÌa, las barreras mentales están cayendo, sobre todo fuera de las zonas segregadas, pero aún habrá que esperar un tiempo para poder ver a los norirlandeses caminar por una senda conjunta.
AsÌ pues, el despunte del turismo provocado en los últimos años es una batalla ganada para los norirlandeses, que se ha ido consiguiendo a base de trabajo y tiempo. 
La representante de «Visit Belfast» concluye que «el turismo ha supuesto un apoyo para el incremento de puestos de trabajo y la generación de beneficios económicos, se trata de un elemento fundamental de la economía de la ciudad».