García Márquez. El día que estuvo en Cozumel…

García Márquez. El día que estuvo en Cozumel…

Por: Pedro Joaquín Delbouis

La gente desfilaba por la calle y bajo cualquier pretexto se acercaban a saludar a Don Nassim, era la vía para saludar el señor presidente.

 
García Márquez.  Es en la isla de Cozumel donde mi familia tiene su negocio desde hace muchos, muchos años. Es una tienda de perfumes que presume de una muy pequeña cafetería donde mi abuelo Nassim recibe a sus amigos todos los días, y a honorables visitantes de la isla que muy de vez en cuando suelen pasar a saludarlo. Cabe mencionar que entre esos visitantes distinguidos se cuentan varios presidentes de la República que atraídos por la bellezas submarinas de Cozumel han «pasado a visitar» a Don Nassim.


Quizás el que más veces lo ha hecho es el ex Presidente Ernesto Zedillo, quien en la segunda mitad de su sexenio se enamoró del buceo y de nuestra querida isla a través de su más impresionante atractivo: la belleza submarina. Fue en una de esas visitas casuales que el Presidente Zedillo llegó con un muy discreto grupo de seguridad, acompañado de colaboradores y amigos a visitar a Don Nassim y tomarse un cafecito con él.


Entre alguno de esos colaboradores que acompañaban al Presidente venía también mi padre, que en ese entonces laboraba en el gobierno federal. También recuerdo que venía con él, Alberto Friscione, quien buceaba constantemente con el Presidente y con quien posteriormente hice una buena amistad. (Realmente creo que todo aquel nacional o extranjero que se declare amante de Cozumel merece no solamente nuestras atenciones, sino también, nuestra profunda amistad).


El Presidente venía vestido con riguroso uniforme de turista: Sandalias, shorts y playera. Y relajado, muy relajado. Se sentaron en las mesas que dan a la calle donde disfrutaban la vista al parque Benito Juárez y el atardecer de ese día. Rápidamente se empezó a correr la voz entre la gente de la zona, entre los cozumeleños. Todo aquel que pasaba por la calle peatonal se daba cuenta que la máxima figura política nacional se encontraba ahí, en Comercial Joaquín, echándose un café con Don Nassim y su hijo Pedro.

García Márquez. El día que estuvo en Cozumel


La gente desfilaba por la calle y bajo cualquier pretexto se acercaban a saludar a Don Nassim, era la vía para saludar el señor presidente. Tanto, que más adelante Ernesto Zedillo diría: «Aquí en Cozumel la gente saluda a Don Nassim antes que al mismo Presidente de la República.» La charla continuó entre los concurrentes presentes junto a sus respectivas tazas de café. Una charla amena pero a la vez muy casual.


Muchas otras personalidades presentes en esa mesa provocaba que todos quisieran estar invitados a sentarse, a participar en ella o al menos escuchar los temas de conversación discutidos. Angeles Masttreta, Hector Aguilar Camin y Federico Reyes-Heroles eran algunos otros presentes a tan distinguida mesa de café. Todos ellos escritores muy importantes; conocidos y reconocidos; laureados y estudiados.


Sin embargo, a pesar de todos los altos intelectos ahí presentes, había un personaje entre ellos que escapa del reconocimiento de los cozumeleños ambulantes de la zona. Este hombre, de parecer sencillo y distraído, invocaba la incógnita de todos los cercanos a la mesa. ¿Quién es el del bigote? Era la pregunta entre todos ellos. ¿Por qué Don Pedro lo trata con más cordialidad que al mismo Presidente? Pero no solo eso, este desconocido parecía dirigir los temas discutidos en aquella mesa. Inclusive por encima del Presidente Zedillo. Otro inclusive llego a escuchar cómo el Presidente se dirigió a él como «maestro».


«Mira, inclusive el Presidente lo sentó a un lado de él. Y a su derecha!». «¿Quién es?» Se decían entre ellos intentando adivinar. Además, por si fuera poco, los intelectuales presentes (que cabe decir, les gusta hablar, y mucho), parecían guardar un silencio sepulcral cuando este hombre se atrevía a comentar algunas palabras. Casi como estudiantes ante la presencia de un profesor connotado. Como si fueran soldados ante su general.

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García Márquez. El día que estuvo en Cozumel


«¿Quién será?» Era la recurrente pregunta de todos los cercanos a esa llamativa mesa. La plática terminó, la convivencia se esfumó, y todos los connotados presentes se retiraron.
Al día siguiente el café estaba mucho más lleno que de costumbre. Todos querían platicar con mi abuelo sobre la presencia del Presidente Zedillo la noche anterior. Todos estaban ansiosos de saber qué palabras había dicho el Presidente; ¿de qué platicaron? si le había gustado Cozumel, etc.

Pero más que todo eso, querían saber, quién era aquel hombre de vestimenta sencilla, de acento irreconocible, que parecía comandar la charla del café por encima de grandes escritores, intelectuales y políticos. Inclusive por encima de la figura del señor presidente. Todas las atenciones giraron alrededor de este hombre según lo visto por todos. Como si fuera el sol de nuestro sistema solar dijo uno que otro.


Don Nassim, ¿quién era ese hombre? ¿Acaso es un Presidente de algún país latinoamericano? preguntó uno de los más frecuentes visitantes al café. «Díganos por favor» suplicaban todos. Don Nassim solo dijo: «ese hombre era… Gabriel García Márquez«. ¿Qué mejor manera de recordarlo que escribiendo algo en su nombre, no?

Garcia Marquez. El día que estuvo en Cozumel