¿Quién manda en el matrimonio?

¿Quién manda en la casa? Muchos hombres dirán yo, es probable que algunas mujeres digan que ellas y otro tanto dirán que ambos.

En las relaciones de pareja, el poder puede representarse de dos maneras: cuando se expresa verbalmente con total seguridad o cuando se demuestra un menor interés en que la relación prosiga. A esto se le llama principio de la pérdida mínima” y es usual que aparezca en los matrimonios, donde la persona que asume que tiene menos que perder tiene un dominio sobre el que se cree que debe mantener a toda costa la relación.
La forma en que hemos sido educados, la cultura, los patrones y esquemas han dicho por mucho tiempo que quien manda en el hogar es el hombre. Sin embargo, a lo largo del tiempo esta cultura machista ha cambiado y las mujeres, por sus capacidades y liderazgo, han tomado las riendas del hogar poco a poco.
El poder se puede definir como «la habilidad de una persona para cambiar la posible conducta de otra u otras». Esto implica que hay una relación activa entre el que manda y el que obedece. Por esto, los problemas del poder constituyen un elemento esencial en la interacción de los individuos y son inevitables en el matrimonio.
Es bastante cierto que en algunos momentos y bajo ciertas condiciones la mujer puede ganar algún poder individual, pero aún esta se encuentra bajo presiones sociales y, por ende, culturales que la mantienen bajo el dominio masculino.
Sin embargo, es importante aclarar que se genera un menor conflicto social, sobre todo en culturas poco evolucionadas, cuando nos enteramos que es el hombre quien manda en una relación de pareja, que cuando una mujer es quien manda, ya que se cree que esta situación es intolerable y por tanto, inaceptable.
Algunas situaciones en el matrimonio se resuelven con suavidad otras, en cambio, provocan serios conflictos, especialmente cuando cada una de las partes trata de obtener la mayor ganancia personal, y cuando la pareja no tiene reglas claras para resolver los problemas.
Algunos psicólogos aconsejamos que cada familia debe tener reglas muy definidas para distribuir sus recursos, desde el dinero hasta el espacio físico y personal.
El equilibrio, la armonía, no es fácil, pero es posible: hay que recordar que el matrimonio se sustenta en el amor, en la búsqueda del bien del otro
El problema del poder es uno de los temas básicos en la terapia de pareja, y puede ser superado mediante un entrenamiento que tiene como objetivo lograr una relación de poder igualitaria. Se trata de que la pareja llegue a acuerdos claros sobre la toma de decisiones.
 Por ejemplo, el marido o la mujer pueden tener autoridad en algunas áreas; en otras las determinaciones se tomarán en conjunto; y existirán aspectos en los cuales cada uno decidirá por cuenta propia. Cuando esto se logra, la frecuencia e intensidad de los conflictos disminuyen en forma notable.

La comunicación debe ser profunda y el poder debe estar distribuido en ambas partes. Ningún miembro de la pareja puede estar sobre el otro porque eso atraerá conflictos, más temprano que tarde.

Cuando una pareja se acerca, a un psicólogo (a), para una terapia de ambos acerca del tema del poder, en estas sesiones se tiene el claro objetivo de tratar que ambas partes puedan tener autoridad en diferentes áreas, algunas otras para mando en común y otras para decidir de manera individual. Si estos acuerdos son o llegan a ser respetados entonces los conflictos acerca de la pérdida de poder o la sensación de dominación por el otro, disminuirán de manera evidente
También es fundamental que ambos tengan cuidado en detectar posiciones machistas o feministas en el otro: ambos extremos son malos. Si la persona con la que vamos a compartir la vida cotidiana tiene alguna tendencia extremista, la convivencia será dura y dolorosa.
 El poder en cualquier relación de confianza y aceptación debe fundarse en una mutua decisión de quién se hace cargo de qué en el hogar y trabajo las cosas estén bien y es así como cada pareja debe intentar buscar su propio estilo de ejercicio del poder y no dejarse llevar por el deseo de manipular o controlar al otro.
Si te gana el coraje y no sabes manejar tu relación, es muy Importante que asistas a terapia psicológica, ya que si se deteriora el matrimonio, las cosas nunca volverán a ser igual.