Cultura Empresarial

La triple hélice: Modelo de desarrollo para México

Por: Juan Pablo Castañón

 
En Alemania hay pequeñas comunidades, pueblos pequeños, donde existen industrias y empresas globales, que Con sus productos conquistan mercados internacionales, en los que buena parte de la población participa y desde donde se produce la tecnología que exporta el país hacia el mundo. En México, hasta hoy esto es impensable; nuestras pequeñas comunidades o nuestros pueblos típicamente están atados a la producción agrícola de baja productividad. Debemos de romper estos paradigmas.
En nuestra Confederación participamos en la discusión de las reformas, no sólo por los cambios que introducen en el sector de su competencia, sino por las transformaciones institucionales y culturales que pueden llegar a promover. La reforma energética es un ejemplo de este nuevo enfoque que propone Coparmex. Ciertamente sus disposiciones pueden transformar al sector energético de México, sin embargo las preguntas que nos deben importar son mucho más profundas, y tristemente para nuestro país, han estado opacadas por la polarización política de su discusión pública.
Por ejemplo: qué podemos hacer para que a partir de la reforma energética, prepararemos a una nueva generación de técnicos y profesionales mexicanos, que respondan a las necesidades de conocimiento e innovación que tiene nuestro país para crecer; cuáles son los mejores instrumentos para iniciar un proceso sostenido de innovación y de desarrollo tecnológico que transforme nuestros procesos productivos; cómo podemos vincular, en un marco de colaboración fructífera, al gobierno y a sus paraestatales, a las escuelas y universidades, con la industria y las empresas del sector privado.

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Como sociedad, debemos exigir a los legisladores que están discutiendo las reformas, una visión integral sobre la agenda sectorial que discuten en las comisiones; especialmente con la reforma energética, que con un nuevo enfoque, puede ser promotora de un verdadero cambio de paradigma en el proceso de desarrollo para México. Buena parte de nuestra apuesta por un modelo de colaboración entre gobierno, universidades y empresas, viene precisamente de la desvinculación crónica que detectamos entre las entidades. Por ejemplo, de 950 industrias o clases de actividad económica que están reconocidas en México, en los últimos 10 años, el 20 por ciento de todo lo que ha producido nuestro país, estuvo concentrado sólo en 5 de ellas[1]:

  1. Extracción de petróleo y gas
  2. Refinación de petróleo
  3. Generación, transmisión y distribución de energía eléctrica
  4. Fabricación de automóviles y camionetas
  5. Fabricación de petroquímicos básicos del gas natural y del petróleo refinado

La pregunta que nos hacemos es, si buena parte de todo lo que hacemos es explotación de recursos naturales, cómo podemos generar a partir de ello, tecnología propia, personal capacitado, esquemas sustentables de crecimiento económico, pequeñas y medianas empresas que sean proveedoras de las grandes industrias, empleo y mejores salarios, oportunidades de desarrollo y sobre todo, calidad de vida. Una agenda de innovación para que México sea líder global cuando estos recursos se acaben.
Considerando esto, es preocupante que de un universo de casi 10 millones de profesionistas mexicanos, evaluados por el IMCO[2], casi el 20 por ciento de ellos son abogados o contadores. Estas nobles profesiones, tan relevantes para el curso diario del país, han enfrentado por años un exceso de oferta, en contraste con carreras orientadas al desarrollo tecnológico que atraen a pocos jóvenes. El reto es que busquemos un equilibrio como país entre los distintos tipos de carreras y vocaciones profesionales que son para los jóvenes; hoy no lo tenemos.
Ocho millones de jóvenes que no estudian ni trabajan[3] es un verdadero problema, y grave, para nuestro país, pero también debe serlo la falta de vinculación entre lo que los jóvenes estudian y lo que las empresas y la economía demandan. La triste paradoja es que casi un tercio de los empleadores en México tiene dificultades para cubrir puestos de trabajo formal,[4] cuando hay un 60 por ciento de los trabajadores mexicanos viviendo y sobreviviendo en la economía informal. Este es sólo un ejemplo de la necesidad que tenemos de vincular estratégicamente los esfuerzos del gobierno, las escuelas y las empresas.
El Modelo Triple Hélice es precisamente un esquema para el crecimiento y el desarrollo regional que se basa en la colaboración estratégica de la academia, representada por las universidades y centros de investigación, el gobierno y las empresas. La idea de este modelo es que en ese proceso de colaboración, la innovación permanente que se genera en las universidades, encuentre empleabilidad en las empresas, generando empleo y riqueza, generando mejores salarios y más calidad de vida, de una forma más enfocada y más rápida; el papel del gobierno en este caso, es promover y encausar esa relación empresas-academia, para que sea cada vez más fuerte y rinda frutos, y generar la política pública que coadyuve con ellas para que en esta unión tripartita, se generen frutos de oportunidades para los jóvenes. Para Coparmex, el Modelo Triple Hélice puede ser una solución para crecer con equidad y sustentabilidad.
El nombre puede parecer difícil, pero es simplemente una manera de entender que como en una trenza, cada parte enriquece y fortalece al todo. En este caso, el sector productivo de un país no puede pensarse sin escuelas o centros de investigación y transferencia tecnológica, ni tampoco sin gobierno que promueva políticas públicas eficientes; ni mucho menos sin empresas que son las que además de generar la riqueza, la distribuyen a través del empleo cada vez mejor remunerado, en la medida en que crece el valor agregado.
La falta de crecimiento en México se explica en buena medida porque no hemos dado el salto hacia una verdadera sociedad de conocimiento, y esto es consecuencia de que no hemos logrado un esquema para que las empresas, las escuelas y el gobierno puedan colaborar eficientemente con el objetivo de innovar.
Somos un país mundialmente exitoso en distintas clases de actividad manufacturera, pero podemos aspirar a más a partir de esa plataforma, para convertirnos en un país exportador ya no de hidrocarburos o manufacturas, sino de tecnología e innovación en distintas áreas de la industria.
El modelo de Triple Hélice ha sido exitoso en países desarrollados especialmente en la generación de desarrollo regional a través de innovación y conocimiento. En este modelo, hay un equilibrio entre los programas de estudio y las necesidades de las empresas que ven el mercado, que conviven con el mercado, y que saben lo que el mercado demanda; los jóvenes pueden y desean estudiar carreras técnicas y más sofisticadas, que producen y utilizan las nuevas tecnologías porque saben que hay un mercado para sus ideas y una remuneración mejor para sus trabajos. Las regiones se pueden desarrollar a partir de la generación de clusters productivos por vocaciones productivas.
En Alemania por ejemplo, hay pequeñas comunidades, pueblos pequeños, sociedades pequeñas, donde existen industrias y empresas globales, que conquistan con sus productos, mercados internacionales, en los que buena parte de la población participa y desde donde se produce la tecnología que exporta el país hacia el mundo. En México, hasta hoy esto es impensable; nuestras pequeñas comunidades o nuestros pueblos típicamente están atados a la producción agrícola de baja productividad. Debemos de romper estos paradigmas.
El sector energético puede ser un escenario ideal para la implementación de un modelo de desarrollo regional Triple Hélice. Un modelo donde las empresas colaboren intensamente con la academia y los centros de desarrollo tecnológico, para generar innovación que nos permita empezar a generar nuevos productos, cada vez más sofisticados y con mayor contenido de valor agregado, para la siguiente generación de industrias que pueden ser lo motores del futuro en nuestro país. Es necesario cambiar el paradigma: dejar de competir por costos y empezar a competir con tecnología, con valor agregado.



[1] Cálculos propios, con información de los Censos Económicos de INEGI 1999, 2004 y 2009.
[2] Compara Carreras – IMCO.
[3] Los jóvenes y la educación: Encuesta Nacional de la Juventud 2010 – SEP
[4] Paradoja de la Escasez de Talento – Manpower.

Juan Pablo Castañon

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