Análisis Político

Las ideas de derechas en vez de adoptar políticas que ayuden al 99%, benefician al 1%

las ideas de derechas

Economista crítica con el elitismo en política, apuesta por incluir a más representantes de clase trabajadora para evitar crisis como la de los ‘chalecos amarillos’

LAS IDEAS DE DERECHAS. Los datos son inapelables; pero sus recetas están abiertas a la discusión. La economista francesa Julia Cagé (Metz, 1984) mezcla el rigor académico con la voluntad de implicarse en el debate público.

En su libro Le prix de la démocratie (El precio de la democracia) recopila y desmenuza décadas de información sobre la financiación de los partidos y las campañas en varios países occidentales.

Explica cómo el dinero privado —donativos con deducciones fiscales— condiciona los resultados electorales y las políticas de los Gobiernos. Y propone un imaginativo sistema de financiación pública, y listas electorales que obligatoriamente incluyan a miembros de la clase trabajadora.


PREGUNTA. Los chalecos amarillos, sin dinero y sin organización, han tenido un mayor impacto político que los sindicatos, y los partidos bien financiados. ¿No desmiente esto la tesis de su libro?


RESPUESTA. Más bien veo los chalecos amarillos como una prueba de que las categorías populares o modestas ya no se sienten representadas por la clase política ni por Macron, y que las medidas que ha tomado desde el principio del quinquenio solo benefician a los más favorecidos y no a los tres cuartos de franceses más humildes. ¿Y cómo han hecho para hacerse escuchar? Liándola, por decirlo de manera un poco cruda.

Y eso no me parece una manera sana de hacer política. En un sistema sano, los problemas que ponen sobre la mesa, que me parecen justos, habrían sido objeto de debate público. Ahora, no creo que lleguen a las elecciones europeas, precisamente porque no hay dinero, ni financiación pública, ni organización.


LAS IDEAS DE DERECHAS. P. Pueden votar. Un voto de un chaleco amarillo vale igual que cualquier otro.


R. Sí, pero el voto de alguien que está en los chalecos amarillos o mi voto hoy vale mucho menos que el de una persona que tenga mucho dinero. Este es el problema de nuestras democracias.

Tenemos el voto en las urnas y, de otro lado, la cuestión de la financiación de los partidos y las campañas, pagadas por personas que forman parte del grupo de los muy favorecidos. Al final estos tienen más voz que yo. Por eso los chalecos amarillos no se sienten representados y no confían en el sistema democrático, y por eso aumenta la abstención o el voto populista.


P. ¿Cree que Macron ganó gracias a la financiación de su campaña?


“Macron adopta medidas que benefician al 1% de los franceses más ricos: quienes le han financiado”.


R. Lo interesante es ver cómo un partido que no existía un año antes puede ganar. Es la formación política que en un intervalo más corto recaudó más dinero. Desde su creación en 2016 hasta finales de 2017, La República en Marcha recaudó más de 13 millones de euros, la mayor parte de donaciones de 7.500 euros, el tope permitido. En el contexto francés es una cifra enorme, aunque en Estados Unidos no sería mucho.

Las ideas de derechas


P. ¿Donantes ricos?


R. Sí, y han dado 7.500 e incluso más: 7.500 en 2016, 7.500 en 2017, 4.600 euros para la campaña. Y es legal. Macron hizo campaña en París entre los más ricos, en Londres, en Nueva York, en Líbano. Y cuando solo se habla con gente así, ¿qué dicen ellos? “Nuestra prioridad, si usted es presidente, es suprimir el impuesto de las fortunas e introducir la flat-tax [un tipo impositivo único sobre los beneficios en los ahorros]”.


LAS IDEAS DE DERECHAS. P. Las políticas de derechas se explican básicamente por el dinero que reciben, según usted.

Tenemos un presidente que, en vez de adoptar políticas que ayuden al 99%, (suprimió el impuesto sobre las fortunas y aplicó la flat-tax ), lo hace con las que benefician al 1%. Ellos le han financiado, y esto tiene efectos concretos en las políticas que se están aplicando, y explica en parte la crisis de los chalecos amarillos.


R. Las políticas de derechas económicas. No es lo mismo con las cuestiones sociales, donde las preferencias de los muy ricos no siempre se inclinan a la derecha. En EE UU, el partido Demócrata es tan conservador en el plano económico como el Republicano. Este es el fracaso de Hillary Clinton: las clases populares no se sienten representadas por ella.

Y en Europa, ¿quién acometió la gran política de flexibilización laboral en Reino Unido?

El Partido Laborista. ¿En Italia? Matteo Renzi, del Partido Democrático, la izquierda. ¿En Alemania? El SPD de Gerhard Schröder. ¿Y qué ocurre hoy? En Alemania la AfD nunca ha estado tan arriba, porque las clases populares ya no se sienten representadas por la izquierda, y van a la extrema derecha.

En Italia, la caída de Renzi ha provocado la victoria de la Liga y el Movimiento 5 Estrellas. En Reino Unido tenemos el Brexit, y en EE UU, a Trump. Ha habido un divorcio entre las clases populares y los partidos históricamente de izquierdas en cuestiones económicas.

“Propongo dar siete euros de dinero público a cada francés para que financie a un movimiento político”

LAS IDEAS DE DERECHAS. P. Usted parece creer que hay una especie de corrupción inherente en la derecha. Quizá hay personas de derechas que simplemente creen que sus ideas son mejores para mejorar la sociedad.


R. No es corrupción, el sistema es legal. Pueden ser mejores las ideas de derechas, o las de izquierdas, pero el problema hoy es que las de derechas tienen más peso porque están mejor financiadas.

En vez de adoptar políticas que ayuden al 99%, (suprimió el impuesto sobre las fortunas y aplicó la flat-tax ), lo hace con las que benefician al 1%.


P. ¿Cuál es la solución?


R. Lo primero es limitar drásticamente los donativos privados. En segundo lugar, la democracia tiene un coste, y si no queremos que lo cubran intereses privados y que capturen el juego democrático, es necesario que los sufrague el poder público.

Propongo un sistema igualitario de financiamiento de la democracia: lo que llamo los bonos para la igualdad democrática. Consiste en dar anualmente a cada ciudadano unos siete euros de dinero público, en Francia, para que financie al movimiento político de su elección.


P. También propone una Asamblea mixta, que incorpore a representantes de las clases populares para representar mejor al conjunto de la sociedad. ¿Qué impide hoy a un obrero ser diputado?


R. Primero, se necesita dinero para hacer campaña. Esto implica que ya hay una criba. Incluso para las legislativas, la aportación media del partido es del 25% o 30% del gasto total, por lo que hay que encontrar financiación complementaria.


P. ¿Quién pone el resto?


R. En Francia, el candidato usa su propio dinero, o el del partido, o donativos privados. Si emplea su fortuna personal le pueden rembolsar el 47,5% del límite de gastos si obtiene más del 5% de votos. Esto explica la sociología de los cargos electos. Imagine que usted es cajera de supermercado. No tiene casa ni activos.

Gana 1.200 euros al mes. Va al banco y dice: “Me presentaré a las elecciones en tres meses. Necesito adelantar 30.000 euros, pero no se preocupen, sacaré más del 5% y lo devolveré”.

El banco no presta nunca. Si usted es abogado, ya tiene el dinero o al banco no le importa prestárselo. Esto discrimina y hace que teggamos muchos menos candidatos de grupos sociales más desfavorecidos.

Y otra cuestión: las cosas como son. Al hablar de una Asamblea mixta con partidos como el socialista o los verdes se admite off the record que están tan desconectados de las clases populares que, si mañana quisieran hacer listas mixtas, no lo lograrían.


P. Con este sistema, ¿habría habido un fenómeno como el de los chalecos amarillos?


R. No, porque habrían podido expresar sus reivindicaciones en la Asamblea Nacional. Todo habría pasado por la vía del debate democrático y no por los neumáticos quemados en las calles.


Por  Marc Bassets con información de El País

Las ideas de derechas tienen más peso porque están mejor financiadas: Julia Cagé

NOTA ADICIONAL:

LAS IDEAS DE DERECHAS. La distinción entre izquierdas y derechas se aplicó, por primera vez a la política, en la Francia revolucionaria. La Asamblea Constituyente, inició sus trabajos en 1792. Los diputados se hallaban divididos en dos grupos enfrentados: el de la Gironda, que se situó a la derecha del Presidente, y el de la Montaña, que se situó a la izquierda. En el centro tomó asiento una masa indiferenciada a la que se designó como el Llano -o la Marisma-.

Los girondinos deseaban restaurar la legalidad y el orden monárquico, mientras que La Montaña propugnaba un estado revolucionario, el cual, después de anular a los girondinos, desembocaría en lo que se conoció -lamentablemente, aunque con justicia- como el Terror. Así se produjo una identificación de la izquierda con la radicalización revolucionaria que, al grito de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, desencadenaría una etapa de utopías y ferocidad que sólo lograría detener el golpe de Estado de Bonaparte. Los implacables Robespierre, Danton y Marat fueron los caudillos y los definidores del primer partido político francés que se situó a la izquierda.

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