Análisis Político

Abuso sexual de monjas por curas, el otro escándalo en la Iglesia

Sólo recientemente el papa Francisco reconoció la práctica, pero se han documentado violaciones y abortos en varias partes del mundo

El abuso sexual de monjas y religiosas por curas y obispos católicos, así como los abortos que en ocasiones resultaron no son nuevos, pero han sido eclipsados durante años por otros escándalos de la Iglesia católica romana.
El febrero pasado, el papa Francisco reconoció públicamente el problema por primera vez.
“Me hizo muy feliz”, comentó Lucetta Scaraffia, la autora de un artículo que denuncia el abuso que sufren monjas y mujeres laicas devotas a la religión a manos de curas, el cual fue publicado este mes en una revista, Mujeres Iglesia Mundo, que se distribuye junto con el periódico del Vaticano.
El Papa reconoció que “ha habido curas y obispos” que han abusado sexualmente de monjas y que “sigue ocurriendo porque no desaparece una vez que te percatas de su existencia”. Dijo que la Iglesia debía hacer más.
No obstante, aunque intentó demostrar que su predecesor, Benedicto XVI, tomó medidas estrictas en torno al tema del abuso sexual en contra de monjas, recordó un caso aparte, en el cual estaban involucradas mujeres de una orden religiosa que había sido manchada con corrupción sexual y económica.
Francisco relató que Benedicto, quien en aquel entonces era conocido como el cardenal Joseph Ratzinger, el vigilante doctrinal de la Iglesia, dirigió todas sus evidencias en contra de la orden cómplice en una reunión con el papa Juan Pablo II. Francisco dijo que Benedicto regresó derrotado y le comentó a su secretario: “Ganó el otro lado”. Francisco añadió en una acotación al margen: “No debería escandalizarnos, es parte de un proceso”.
Su punto parece ser que la búsqueda de justicia en la Iglesia toma tiempo y expresó que cuando Benedicto se convirtió en papa, de inmediato le pidió a su secretario que le llevara los archivos “y comenzó” a trabajar.

LAS INVESTIGACIONES

En 1994, la hermana Maura O´Donohue –que también es ginecóloga- envió al Vaticano los resultados de una encuesta plurianual de veintitrés naciones sobre ese tipo de abuso, el cual era especialmente rampante en África, donde las monjas eran consideradas parejas sexuales seguras para los curas que temían infectarse de VIH.
Un informe de 1998 que se centraba en África observó que “el acoso sexual e incluso la violación de las hermanas a manos de los curas y obispos es una situación presuntamente común”.
“Cuando una hermana es embarazada, el cura insiste en que se realice un aborto“, agregó el informe.


La congregación suele expulsar a la hermana mientras que el cura a menudo solo es transferido a otra parroquia o se le envía a realizar estudios”

En esa época, los obispos africanos que recibieron esta información condenaron el informe de abuso y lo tildaron de “desleal”.
Entre las denuncias privadas de monjas en los años noventa —que fueron publicadas en un artículo de portada en The National Catholic Reporter en 2001—, una afirmaba que veintinueve monjas habían quedado embarazadas en una sola orden.
En 2013, el reverendo Anthony Musaala, un cura de Kampala, Uganda, fue suspendido y obligado a disculparse por llamar la atención sobre las relaciones sexuales que sostenían sus colegas curas con mujeres, incluidas monjas.
En India, el obispo Franco Mulakkal de Jalandhar ahora enfrenta cargos por haber violado en repetidas ocasiones a quien fuera la madre superiora de una congregación. Aunque Mulakkal ha negado las acusaciones, más de ochenta monjasfirmaron en julio una carta en la que instaban a su expulsión del trabajo pastoral.
Scaraffia mencionó que el abuso de las monjas ocurre “no solo en el tercer mundo”.
“Se da por todas partes”, acusó. “Sucede en Europa”.
En diciembre, el Vaticano empezó a investigar a las Hermanas del Buen Samaritano, una pequeña orden religiosa de mujeres en Chile, después de que la televisión nacional chilena reveló que algunas de las hermanas habían sido expulsadas tras denunciar el abuso sexual de los curas y el maltrato de su superiora.
La ex monja Eliana Macías confesó que fue violentada sexualmente por un sacerdote, cuyo nombre tampoco reveló. “La primera vez que me vio, en Molina (…) se me queda mirando y me dice ‘esos senos están muy abajo’ y me pescó así para arriba”, dijo.
A eso añadió que el cura “entraba a las habitaciones”, y precisó: “Entonces justo llegó a mi cama y me levantó la ropa y dijo: ‘Hace mucho frío aquí’. Yo me levanté y dije: ¿quién está aquí?”.
En el reportaje también se recoge el testimonio de Yolanda Tondreaux, quien reveló que los abusos comenzaron apenas se puso los hábitos: “[Un cura] me abrazó, me acercó a su pecho, ¡a su pecho!, y después comenzó a darme besitos” que llegaron hasta los labios. Indicó que se zafó del sacerdote “porque me di cuenta, me dio asco”.

EL DOCUMENTAL

Transmitido en la antesala del Día Internacional de la Mujer el pasado 5 de febrero por el canal francoalemán Arte, el documental rasgó el pesado y oscuro velo de una impunidad de siglos y denunció, con testimonios, los abusos sexuales padecidos por religiosas a manos de obispos y sacerdotes católicos.
Los documentalistas franceses Marie-Pierre Raimbault, Éric Quintin y Élizabeth Drévillon realizaron una investigación de tres años con encuestas en cuatro continentes y entrevistaron a novicias y monjas víctimas de abuso sexual para producir “Religiosas abusadas, el otro escándalo de la Iglesia“, en el que denuncian atropellos de autoridad, violaciones, abortos y los métodos empleados por la Iglesia para evitar los escándalos que habrían producido las denuncias públicas sobre esas agresiones.
Al contrario de los menores abusados, las religiosas adultas “tienen siempre que demostrar que no ha habido consentimiento. Es como si todos los curas fueran homosexuales”, afirmó indignada frente a esa exigencia la periodista e historiadora italiana Lucetta Scaraffia, directora del suplemento femenino del L´Osservatore Romano, el diario oficial de la Santa Sede, en una entrevista con Ismael Monzón publicada en El Comercio de Perú.
Raimbault dijo que prácticamente se tropezó con el tema cuando investigaba sobre la vida que llevan las madres prostituidas y al descubrir en internet el artículo “Los burdeles del Vaticano”, que hablaba sobre la sexualidad en la Iglesia desde lo histórico.
Aunque admitió que durante la filmación no se presentaron dificultades con el Vaticano ni con las congregaciones religiosas que menciona el documental, sí hubo problemas con las víctimas “porque son mujeres heridas, disociadas, fragmentadas… Han sido violadas doblemente, como mujeres y como monjas. Su violación fue psicológica, física y espiritual”.
Por eso tuvo que convencerlas de hablar, pues dudaban del apoyo que recibirían en un momento en el cual, prácticamente, no se habían hecho públicas las denuncias sobre pedofilia y no existía aún la campaña mundial del #MeToo.
También reveló que detectó una gran dualidad en las entrevistadas, que, por un lado, querían denunciar el atropello y, por otro, tenían miedo de dañar la imagen de la iglesia a la que pertenecían.
Esa dualidad se aprecia, por ejemplo, en las declaraciones que dio a BBC Mundo la religiosa Doris Wagner-Resinger, quien fue violada y abandonó la comunidad religiosa a la cual pertenecía en Alemania. Contó que sufrió una fuerte crisis de fe porque no sabía si lo que pasaba era porque Dios lo quería y porque si denunciaba, temía dañar la imagen de la Iglesia.


Antes de que abusaran de mí sexualmente, lo hicieron espiritualmente”

Mientras se preparaba para su siguiente entrevista en Roma, Scaraffia mencionó que sentía que se estaba ganando impulso y que se sentía confiada de que ahora “el papa entiende el problema”. Agregó: “Esto seguramente es el primer paso”.
Con información de El Tiempo de Colombia y The New York Times
JGM

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