Cancun 1970: el falso dilema entre progreso economico y sustentabilidad ambiental

Cancun 1970

Seguimos apostando por un crecimiento de la oferta turística sin techo límite comprometiendo el derecho a un medio ambiente sano

Cancun 1970: el falso dilema entre progreso económico y sustentabilidad ambiental. ¿Qué le está pasando a Cancún? ¿Por qué ya no es ni la sombra de la belleza natural que no hace mucho impresionaba al mundo? La respuesta la tiene ya la ciencia y la sabemos muchos de los que nos dedicamos profesionalmente al estudio del arrecife de coral: el rápido crecimiento de la oferta hotelera de Cancún y de su población residente, pero sobre todo la apuesta por un desarrollo turístico de hoteles de grandes dimensiones ha conducido a la producción diaria de un enorme volumen de aguas negras cuyo efecto ambiental ha sido enormemente perjudicial para el arrecife de coral al no haber recibido el adecuado tratamiento.

La comunidad coralina es la que construye el arrecife de coral y forma una enorme montaña submarina que sirve de refugio y “casa-hábitat” a la enorme diversidad de especies que habitan este ecosistema marino, con más de 200 millones de años presente en nuestro planeta. En esta enorme diversidad está la riqueza biológica de este ecosistema del cual México y especialmente el estado de Quintana Roo deben considerarse doblemente afortunados, ya que no solo forma parte de nuestro patrimonio natural sino que nos regala los dos activos más importantes y que tan alto valor comercial reportan a este destino turístico: sus playas blancas y su mar turquesa. 

Hoy en día sin embargo, debemos reconocer que el deterioro ambiental del sistema arrecifal de nuestro estado, especialmente en el norte, es extraordinariamente preocupante. ¿Dónde están las otrora playas blancas y el mar turquesa? Realmente cuesta encontrarlas y en algunos lugares simplemente han desaparecido. Podemos seguir echando la culpa al cambio climático del deterioro del arrecife, y, en el caso de Cancún, también al huracán Wilma de la pérdida de playas.

 

Incluso podemos mirar para otro lado y minimizar el problema ambiental y convencernos de que hay prioridades en nuestra economía y en nuestra vida mucho más importantes que preocuparnos por el estado de nuestro entorno natural, al fin, la mayoría de nosotros nacimos y vivimos siempre en ciudades y es en este entorno urbano donde realmente nos sentimos seguros y cómodos. Sin embargo, incluso asumiendo como válido ese planteamiento la pregunta sigue en pie… 


El arrecife de coral es un ecosistema muy vulnerable a la fertilización. Se forma en ambientes pobres en nutrientes y su estado de salud depende de que se mantengan estas condiciones en el mar.  Las aguas negras que no han recibido depuración terciaria conservan intacto su poder fertilizante que en el caso de las que proceden de uso doméstico y turístico es muy alto porque están enriquecidas especialmente en fósforo debido al abundante uso de jabones hechos con polifosfatos. 

Las aguas negras que no han recibido depuración terciaria conservan intacto su poder fertilizante, están enriquecidas en fósforo debido al abundante uso de jabones hechos con polifosfatos 

Cancun 1970: el falso dilema entre progreso económico y sustentabilidad ambiental. Lamentablemente este tipo de tratamiento apenas se utiliza en Cancún. La elevadísima producción de aguas negras con además muy alto poder fertilizante, y la ausencia de depuración terciaria obligatoria, es una combinación letal para el arrecife de coral de nuestro estado que poco a poco va sufriendo un progresivo deterioro en su estado de salud que se refleja en cambios en sus comunidades y en la pérdida de su valor biológico, pero también en la pérdida de su valor paisajístico y económico. 

La gravedad de la ausencia de plantas de tratamiento terciario de las aguas residuales se incrementa conforme se continúa apostando por el crecimiento de la oferta hotelera y urbana del estado de Quintana Roo y sobretodo en municipios como el de Cancún y Playa del Carmen. Mientras que nuestro ambiente natural hace tiempo que nos dice que algo no anda bien, seguimos apostando por un crecimiento de la oferta turística sin techo límite y convencidos de que el mejor plan para nuestro estado y nuestro destino turístico más emblemático, Cancún, es seguir creciendo. 


Si a esto se añade que el gasto de agua de la población visitante es mucho mayor que el gasto de uso doméstico de la población residente permanente, que hoy por hoy en el estado de Quintana Roo es ya diez veces inferior a la visitante, la producción de aguas negras seguirá creciendo y sin la atención adecuada para eliminar su poder fertilizante y, por tanto, altamente adverso para el arrecife de coral.

No se puede seguir ignorando la severidad del problema ambiental que enfrenta este estado ni sus consecuencias, especialmente para sus municipios urbanos más grandes como Cancún. Quintana Roo debería aprender del Estado de Florida en Estados Unidos y seguir su ejemplo, ya que ese estado es el que tiene las leyes ambientales más rigurosas con el fin de proteger la salud ambiental y el valor biológico y económico de sus cayos. 

¿Es el patrimonio ambiental de Quintana Roo menos importante para nuestro estado y para nuestra economía 100% dependiente de la actividad turística?  Endurecer las leyes ambientales para proteger más y mejor la salud del arrecife de coral es más que una necesidad, es un deber y la única forma de asegurar la sostenibilidad del motor económico de Quintana Roo. 

En el plano municipal, los Programas de Desarrollo Urbano de los municipios, y sobre todo el de Benito Juárez, tendrían que asumir la realidad ambiental actual y tomar conciencia que hace mucho que se ha rebasado la capacidad del ambiente de asimilación del volumen de residuos líquidos que se producen en el municipio diariamente. Sólo hasta que se traten adecuadamente estos residuos se podrá asumir un nuevo techo en la capacidad de carga de los ecosistemas marinos sin comprometer el derecho de las futuras generaciones a un medio ambiente sano, pero, y esto necesita especial atención, sin comprometer el futuro de este destino turístico.

Para intentar explicar cuál sería un diagnóstico ambiental adecuado sobre la situación actual de Cancún, pondría el símil de un médico que debe diagnosticar un enfisema pulmonar a un paciente fumador, y que se enfrenta a la reacción de este paciente que se siente incapaz de dejar de fumar completamente y que pregunta desde el desconocimiento de la gravedad de su dolencia: “pero doctor, ¿Cuantos cigarrillos me puedo fumar todavía al día: 20, 10, 5?”.

El médico puede sorprenderse de la irresponsabilidad de este paciente con su propia salud pero su obligación es tratar de ayudarle a que comprenda la gravedad de la enfermedad que se le acaba de diagnosticar. Lo que nunca debe hacer es satisfacer la necesidad de fumar del paciente gravemente enfermo. 

Cancún ya no necesita más plazas hoteleras, no puede seguir incrementado la producción de residuos, a costa de seguir perdiendo calidad de vida

Cancun 1970: el falso dilema entre progreso económico y sustentabilidad ambiental. Su obligación como médico es conseguir que comprenda que el estado de sus pulmones ya no le permite fumar absolutamente nada, que la opción de seguir  incrementando el nivel de nicotina de sus pulmones ya no es negociable: NO TIENE OTRA OPCIÓN QUE DEJAR DE FUMAR COMPLETAMENTE, pero además DEBE incorporar cambios fundamentales en sus hábitos de vida si quiere no seguir perdiendo calidad de vida. Un adicto al tabaco se enfrenta a esta situación con la actitud de negación e incluso irritación, con enojo. Se niega a admitir la gravedad del problema de salud (“sólo es un poco de tos”) y se niega a relacionarlo con el tabaco (“siempre he fumado, mi padre murió con 100 años y fumó toda la vida”). 

 

La mayor dificultad del doctor es conseguir que el paciente (Cancún) reconozca que su adicción (crecimiento urbano y hotelero) es ya para él el mayor de los peligros para su supervivencia, e inicie un cambio profundo de estilo de vida (depuración terciaria obligatoria de residuos líquidos) pues su capacidad pulmonar está tan reducida que debe evitar que se siga deteriorando y perdiendo funcionalidad (un uso más racional del agua y la implementación de proyectos de restauración ambiental de los ambientes en fase aguda de deterioro). 

Esta es la realidad actual de Cancún y a esta realidad se siguen acercando otros municipios con diferente antigüedad y grado de desarrollo turístico del estado de Quintana Roo. En el proceso de aceptación de este diagnóstico, es imperativo reconocer que el proceso de degradación ambiental sigue progresando aunque no lo reconozcamos todavía, y que es urgente tomar conciencia de ello y rápido para iniciar así los cambios que se requieren.

Hay que poner en marcha un plan de medidas de carácter urgente para frenarlo e incluso para poder revertirlo y recuperar así la salud ambiental de nuestro patrimonio natural mexicano, de un gran valor biológico y económico también en nuestros mares y costas. 

En este diagnóstico, es imperativo que las autoridades de los diferentes ámbitos, municipales estatales y federales, tomen conciencia que el estado y la entidad más afectada, Cancún, no puede seguir incrementado la producción de residuos. Si somos honestos con nosotros mismos como ciudadanos de a pié, la realidad es que Cancún ya no necesita más plazas hoteleras y más aún a costa de seguir perdiendo calidad de vida y calidad ambiental.

El Programa Municipal de Desarrollo Urbano de este importante municipio del estado debe partir del reconocimiento de esta situación, al igual que todos los planes municipales de desarrollo que se quieran implementar en Quintana Roo, especialmente teniendo en cuenta que ahora además afronta un problema ambiental muy grave como son las arribazones masivas de sargazo.

Sin un medio ambiente sano no sólo no hay progreso sino que el paraíso se puede transformar fácilmente en un infierno.

Lo que el Estado de Quintana Roo necesita urgentemente es evitar que su buque insignia como destino turístico mundial de primera magnitud se ponga en peligro al perder valor su oferta hotelera, su belleza paisajística, y la calidad de servicios públicos y seguridad ciudadana que ofrece a los visitantes y a los residentes. Si las autoridades que tienen que velar por proteger la salud ambiental de nuestros municipios y estado no lo hacen, es responsabilidad de la ciudadanía y de la administración de justicia corregir esta línea de negación, y ayudar a revertir una dinámica suicida para una ciudad que tiene en el turismo su único medio de vida y motor económico. 

No solo se trata de defender el derecho a un medio ambiente sano para poder seguir disfrutándolo los residentes permanentes actuales de nuestro maravilloso estado de Quintana Roo y sus visitantes ocasionales. Este derecho también lo tienen nuestros hijos y nietos. Además, se trata también de defender un recurso económico fundamental para el estado de Quintana Roo y para México, y también para una ciudad como Cancún que vive por y para el turismo. Pensar en sustentabilidad es la única opción y no debería ser confundida con ingenuidad o ilusión infantil. No hay aquí un dilema entre medio ambiente sano y progreso económico. Sin un medio ambiente sano no sólo no hay progreso sino que el paraíso se puede transformar fácilmente en un infierno. 

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Mientras que nuestro ambiente natural hace tiempo que nos dice que algo no anda bien, seguimos apostando por un crecimiento de la oferta turística sin techo límite y convencidos de que el mejor plan para nuestro estado y nuestro destino turístico más emblemático, Cancun 1970, es seguir creciendo. 

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