Culto a la Imagen Personal

Muchas personas están en una constante lucha por ser consideradas y percibidas como exitosas, inteligentes, justas, eficientes y atractivas. Buscan tener una apariencia positiva, y de esta manera, agradar y ser queridas.
Pero aunque todo lo anterior debería ser saludable, el afán de que nunca los demás se decepcionen de ellos, llega a ser un fin en sí mismo. No se ve -en lo que va transcurrido de este siglo- ningún signo de que esta conducta social colectiva esté variando de alguna manera, por el contrario, se prevé una actitud aún más expresiva de estas características sociales.
El mundo de hoy se ha tornado extremadamente competitivo, retante y en ciertas ocasiones se percibe amenazante debido en parte a la propaganda masiva en los medios. La imagen, ha cobrado una importancia desproporcionada en nuestras vidas, especialmente entre los adolescentes y los jóvenes, la mayor parte de las veces promulgado por el ejemplo erróneo que le brindan los padres.
Ya no eres considerado quien eres realmente, sino más bien por la falsa impresión de tu vestimenta, tu calzado, tu color de pelo, maquillaje y hasta el perfume que usas. Hemos creado un culto a la imagen que ha convertido lo que en un tiempo fueron nuestras diversiones, en ansiedades.
En la práctica de la psicología se aprecia claramente esta dependencia del juicio de los otros para valorizarse a sí mismo. Tan frecuente es esta problemática que las depresiones severas, la ansiedad social, el temor a hablar en público, la timidez, la anorexia, la bulimia y la obesidad, muchas veces, son consecuencia de esta forma equivocada de enfrentar la vida.
Constantemente muchos padres les están mostrando a sus niños que lo más importante es que los demás tengan una buena opinión de ellos, sin dejarle claros los límites envueltos en este concepto. Por lo tanto, le llevan el mensaje equívoco de que lo único que vale es mostrar una faceta positiva de uno mismo.
Así, todos los conflictos se esconden, no se permite la expresión de emociones ni de opiniones. Se pierde totalmente la espontaneidad. Se valorizan en grado extremo las dependencias creadas hacia los objetos.  Se pretende mostrar la imagen de padres e hijos perfectos, sin dar espacio a la flexibilidad consigo mismo y para con los demás.  Pero lo que no se considera es que todo esto no es más que una fachada.
El niño aprenderá a valorizarse, no de acuerdo a sus propios juicios personales, sino según el juicio de uno de los padres, el que decida elegir. Pero de adulto, como va a continuar dependiente de personas significativas para él, si estos procesos de valorización personal correcta no se producen en ellos de manera adecuada, desarrollará problemas serios. Mostrará conductas enfermizas, su estilo de vida va a consistir en evitar exponerse, situaciones de vida tan reales como una separación, el fracaso de una carrera, la cesantía, podrán dispararle serios problemas emocionales. Depresión, coraje o ansiedad generalizada, entre otros.
Estos problemas creados indirectamente por nuestro culto social a la imagen, necesitarán atención. Este consiste en ayudar a la persona afectada a descubrir su propio valor. Ello se logra, primeramente, haciendo que la persona tome conciencia de las situaciones en que se define a través de los demás. Posteriormente, conseguir que cambie el punto de vista, que aprenda a tomar el juicio de los otros como información que tiene que ver con la persona que lo emite.
Es decir, tiene que ver con el otro y no con él. Para prevenir este tipo de problemas en los niños, debemos enseñarle a autodefinirse, a valorar su persona por sus propios méritos y no a través de los juicios que sobre él emiten los demás. Debemos modificar nuestras actitudes críticas sobre la imagen, enseñando a nuestros hijos, el lugar y valor real que tienen los objetos en sus vidas.
Es importante vernos y vestirnos lo mejor que se pueda para sentirnos bien y tener una buena imagen. sin embargo, es bueno también quitarnos esos tabús que han estigmatizado a la personas durante tantos años de: «cómo te ven te tratan»; «cuanto tienes cuanto vales» ya que afecta notablemente a muchas personas débiles de carácter que en ocasiones buscan allegarse cosas materiales y vestirse con prendas de marca para ser tomados en cuenta, aunque ello implique adeudos tremendos, uso indiscriminado de las tarjetas de crédito, pedir prestado y peor aún, llegar a tomar lo ajeno con tal de tener lo suficiente para pertenecer a un grupo de «personas bien» es decir, viven en una irrealidad que los hace sufrir por que terminan enfrentándose a su verdad. Si te sucede una situación semejante, es tiempo que busques ayuda psicológica, ya que vivir una irrealidad, no te deja ser feliz.