Educación, eje contra la discriminación universal

Primero de marzo, Día Internacional de la Cero Discriminación

Para concienciar y sensibilizar a la población mundial sobre la diversidad, la tolerancia y la inclusión, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 1 de marzo como el Día Internacional de la Cero Discriminación, a partir del Artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que señala que todas las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos.

“Esta conmemoración se inscribe en el principio de igualdad, avalado desde el siglo XVIII en la declaración de Virginia, en Estados Unidos, y que busca crear conciencia a partir de acciones positivas para que este derecho sea efectivo. La lucha del ser humano ha sido por su reconocimiento, y de ahí que principios como la libertad y la igualdad sean el eje transversal de lo que conocemos como dignidad humana”, afirma Luis Raúl González Pérez, coordinador del Programa Universitario de Derechos Humanos (PUDH) de esta casa de estudios.

La dignidad humana, aclara, está intrínseca por el hecho de ser personas; es algo que nos iguala e identifica como tales y es la que prevalece en el principio de igualdad, por eso nadie puede ser discriminado por motivos de raza, religión, nacionalidad, sexo o forma de vestir. Además, parte de una buena convivencia social pacífica y tranquila es la tolerancia, respetar el pensamiento de los otros.

El especialista refiere que este día busca que el mundo tome conciencia de que todavía son muchos los desafíos para alcanzar esa dimensión, porque no basta que la ley diga que todas las personas son iguales frente a ella, sino que las naciones deben generar las condiciones para que sea efectiva. Esos derechos deben ser plenos y extendidos para todos y todas, para que la sociedad sepa sus alcances y haga un mejor ejercicio y exigencia de ellos.

González Pérez indica que de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación de 2017, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 20.2 por ciento de la población de 18 años y más declaró haber sido discriminada en ese año. Los motivos más frecuentes para las mujeres fueron la apariencia (51.3 por ciento), creencias religiosas (32.3) y género (29.5); y para los hombres fueron la apariencia (56.5), manera de hablar (27.7) y edad (26.9 por ciento).

Además, 23 por ciento de esa población aseveró que le fue negado de manera injustificada el ejercicio de algún derecho, esta falta de respeto a las garantías humanas fue percibido por la gente de la comunidad LGBT (66 por ciento), indígenas (65), trabajadoras del hogar (62), afrodescendientes (56), mujeres (48) y personas de distintas religiones (45 por ciento).

Para el experto en el tema la educación es el eje para la cero discriminación y la difusión de valores como respeto, tolerancia y libertad de expresión. Por ello, el Programa Universitario de Derechos Humanos de la UNAM realiza investigación para estar al servicio del país y de la humanidad con un sentido ético y de servicio social.

“Generamos conocimiento alrededor de los derechos humanos, buscamos su difusión al interior y al exterior de la Universidad Nacional mediante foros de discusión con el propósito de vincularnos con la sociedad civil, entidades gubernamentales de los tres órdenes de gobierno y con el sector privado. Tenemos una clínica jurídica compuesta por estudiantes de diversas disciplinas, como psicología, trabajo social, derecho y antropología”, enfatiza.

Apunta que en la UNAM se investiga, enseña y difunden valores humanos, porque debe ser parte de la identidad de cualquier universitario tener un compromiso social que trascienda más allá de las aulas, pasillos y jardines. Independientemente de la carrera que los jóvenes elijan, es necesario escuchar al otro, no lastimar dignidades y dejar atrás el lenguaje y los simbolismos estigmatizantes.

Nadie puede ser discriminado por motivos de raza, religión, nacionalidad, sexo o forma de vestir.

Por condición de salud

El Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (ONUSIDA) elaboró un documento el cual trata el estigma y la discriminación en relación con la Covid-19; se basa en experiencias y lecciones obtenidas de la pandemia por el VIH, infección que se encuentra presente desde hace 30 años y con ella un historial de discriminación.

“La Covid-19 es muy semejante a lo que se experimenta con la infección por VIH, ya que ambas tienen una relación directa con las relaciones sociales e interpersonales, y han evidenciado las desigualdades que poblaciones alrededor del mundo presentaban desde hace tiempo y habían sido ignoradas. Los padecimientos no sólo son un asunto biológico, sino que igual tienen una determinación social, por lo que el abordaje de la salud-enfermedad conlleva obligatoriamente a ver el contexto social en el que este se realiza”, asegura Juan Carlos Mendoza Pérez, académico de la Facultad de Medicina.

Añade que una vez que en México se tuvo la presencia del actual coronavirus, el personal de salud fue de los primeros en experimentar la discriminación porque la sociedad pensaba que habían adquirido en automático el mal; luego fue la gente con Covid-19 y sus familiares, porque la comunidad los aislaba; después, los que se han recuperado, porque se creía o se cree que siguen transmitiéndolo.

“Si se conociera el proceso de contagio del virus, es decir, cómo se replica, el tiempo que dura la infección y cuáles son los cuidados de ésta, se podría ver reducido el impacto de la discriminación en la actual pandemia. La solución para lo anterior es la información, crear estrategias para fortalecer el tejido social e incrementar la solidaridad para generar empatía entre la sociedad. Además es esencial crear las condiciones de bienestar social para tener una mejor respuesta ante la actual contingencia sanitaria.”

Al enterarse de que tenía Covid-19, Mendoza Pérez recuerda esa sensación de vulnerabilidad debido a que no se encontraba con su red de apoyo más importante: su familia. Oriundo de Chihuahua, fue asistido por su compañero de departamento, quien forma parte de su familia elegida. A pesar de ello, la red de apoyo fue reducida, y aislado en el aspecto emocional fue afectado por la condición de aislamiento de 15 días.

“Experimenté el estigma que se vive por tener este padecimiento, evité comentarlo en mis redes sociodigitales por temor a señalamientos o críticas, y eso hizo que en términos psicológicos la pasara mal, ya que actualmente estos medios son la principal forma de comunicación; te aíslas y te sientes vulnerable, te das cuenta de que el acompañamiento es un elemento fundamental para el manejo de esta circunstancia”, comparte.

Cuando acudió a hacerse la prueba de la Covid-19, algo que no olvidará es ese sentimiento de culpabilidad que le generaron las miradas de las personas que caminaban cerca del lugar donde se encontraba. Estas microagresiones hicieron aún más pesada la espera, sumando a los síntomas de la propia afección.

Opina que se trata de una enfermedad de clases, porque dependerá de los elementos que cada quien tenga para pasarla mejor o peor. Algunas personas adultas mayores que la adquirieron tienen acompañamiento familiar y no experimentan señalamientos, sino que se les cuida y protege; pero este ejemplo no siempre se repite, no todos tienen quien los procure, la capacidad de pedir comida o comprar alimentos en línea, y es ahí cuando se destapan temas de desigualdad preexistentes.

Juan Carlos Mendoza menciona que este padecimiento deja secuelas físicas y emocionales, de ahí que es indispensable dar mayor atención psicológica cuando la gente se encuentra en aislamiento por la infección, pues durante 15 días “se sobrecarga de emociones por la falta de interacción con otras personas, lo que tiene gran peso porque somos seres sociales.

“Una lección que aprendí fue mejorar mis estrategias de ayuda, trabajar con el estigma y, para futuras ocasiones, evitar pasar estos momentos sin una red de apoyo. Finalmente, necesitamos mejorar colectivamente para evitar esos mensajes de odio, estigma y discriminación ante cualquier situación, y ayudar a quien lo requiera en la medida de nuestras posibilidades”, remata.

Gaceta UNAM

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