Editorial Abril – Mayo 2006

Aunque tanto autoridades federales, estatales como municipales minimicen y hasta nieguen que México se haya convertido en uno de los destinos principales para el turismo sexual y los pederastas, las estadísticas contradicen tanto optimismo, nada más hay que conocer las cifras de la Red por los Derechos de la Infancia -agrupación integrada por 55 organizaciones civiles que se ubican en ocho estados de la República-, que encontró 83 sitios donde se promociona a México de manera directa e indirecta como un destino para los turistas sexuales, para la prostitución, pornografía y para el comercio sexual infantil. ¡Qué tan cierto será el asunto que en una página se encontraron relatos de turistas quienes narraron sus experiencias en Acapulco, Cabo San Lucas, Cozumel, Ensenada, Ciudad Juárez, Laredo, Mazatlán, Mexicali, Tijuana, Reynosa, Cancún, el DF y hasta daban tips de dónde es bueno, bonito y barato!
Pero la existencia de los sitios en Internet no es todo, según la Red, la explotación sexual infantil se extendió el año pasado a todo el país, cuando en 1999 solo afectaba a 21 entidades de manera tal que el fenómeno está presente de una u otra manera en todos los estados. México no está solo en este bochornoso asunto pues también Brasil, Colombia, República Dominicana, Venezuela y Costa Rica son señalados a nivel internacional como fuentes de comercio sexual dirigidas a consumidores ubicados en Estados Unidos, Canadá, Alemania, Italia y Suiza. Aparte de las complicidades entre ciertos entes gubernamentales y los promotores de dicho turismo sexual, la proliferación puede entenderse a cabalidad por dos razones: el que funcionarios de todos los ámbitos no quieran afrontar la realidad y, no menos importante, tremendos vacíos legales pues este delito no está tipificado en México, lo cual convierte al territorio en sitio super propicio.
Diversas organizaciones han exigido que por ejemplo la Agencia Federal de Investigación (AFI) persiga a los explotadores, nada más que, por increíble que parezca, se han encontrado con un incomprensible desinterés de las autoridades. La pregunta sería, ¿cuál es el interés entonces de las autoridades, cuál su postura? Por lo pronto, quienes deben velar por la industria sin chimeneas, por la tercera fuente de divisas para México, rechazan tajantemente datos duros como los expuestos por boletín regional Hemisphere Focus del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) «Esclavitud sin fronteras: tráfico humano en el contexto estadounidense-mexicano», donde indica que al menos 18 mil personas se trafican entre Estados Unidos y México. En lugar de esconder la realidad, los funcionarios de alto nivel están obligados a ejecutar acciones concretas pues, aunque no lo quieran aceptar, en las zonas turísticas hay sitios donde menores de edad se prostituyen y son objeto de pornografía o, ¿no será más bien que a ‘alguien’ no le conviene la erradicación del fenómeno?