¿Tiene solución la desigualdad económica mundial?

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Desigualdad económica. Hemos sido testigos por décadas enteras, de la desigualdad económica que impera y se expande a nivel global, no solo entre sociedades, sino entre países. El sistema económico capitalista –y en últimos tiempos neoliberal- que los gobiernos han decidido adoptar como modelo de desarrollo para sus naciones, resulta por demás inequitativo, jerárquico y por demás desproporcionado.


Más que beneficios, ese sistema ha contribuido en gran medida a aumentar la brecha entre los pobres y los ricos. Entre el centro y la periferia. Entre el Norte y el Sur. Entre los países industrializados y los subdesarrollados.

Los propios organismos internacionales que regulan e incentivan la permanencia del modelo capitalista – neoliberalista-, aceptan hoy en día, que las políticas y condicionamientos que ellos mismos han impuesto para el otorgamiento de préstamos a naciones subdesarrolladas, en situación de crisis económica, más que contribuir a su propio desarrollo, han incentivado la desigualdad económica y por ende, la precariedad de la calidad de vida  de la población.[1]


A pesar de que esta problemática actual, se ha exacerbado en las dos últimas décadas, se trata de un fenómeno ya detectado por analistas de renombre desde tiempo atrás. En 1972, el premio Nobel de Economía, James Tobin, propuso la aplicación de un impuesto generalizado a todas las transacciones financieras globales.

La idea de este economista se centra en tasar módicamente cada transacción financiera en el seno de los mercados de cambios para estabilizarlos y para procurar reservas a la comunidad internacional.

Tasando las transacciones a 0.1%, la comúnmente llamada Tasa Tobin generaría anualmente unos 160,000 millones de dólares;[2] mismos que pudieran utilizarse para la implementación de proyectos de desarrollo sustentable en países donde la pobreza extrema y sus implicaciones, predominan.


Aún cuando la intención original se centraba en amortiguar las fluctuaciones en los tipos de cambio, ésta idea ha evolucionado a través de los años en una alternativa –tal vez hasta ahora la única viable- para aliviar, al menos parcialmente, la desigualdad económica mundial.


En los años noventa, la iniciativa de James Tobin tomó fuerza, entre movimientos antiglobalización que protestaban por las irreversibles afectaciones del neoliberalismo a la economía de las naciones. La Tasa Tobin, en este caso, se proponía utilizar para recaudación de asistencia social en las naciones más vulnerables del planeta.


A finales de los noventa, ante severas crisis económicas como la mexicana, la del Sudeste Asiático y la de Rusia, ésta alternativa volvió a tomar fuerza en el escenario mundial, pero no fue hasta fechas muy recientes cuando volvimos a escuchar de ella con más seriedad.


A raíz de la crisis del 2008, la idea de Tobin resurgió en las mesas de negociación, como  una alternativa para controlar la crisis financiera global, recaudando fondos que pudieran posteriormente ser utilizados para inyectar capital a economías en riesgo de colapsar.


En septiembre del 2011, formalmente se propuso en la Comisión Europea la implementación de un impuesto a las transacciones financieras a lo largo del bloque, en un 0.1% sobre las operaciones con bonos y acciones, para recaudar un aproximado de $57,000 mdd al año. La idea proponía la aplicación del impuesto a partir del 2014, con la esperanza de que esta medida fuera también adoptada por el resto del mundo en un futuro cercano.


El relanzamiento de la Tasa Tobin en la Unión Europea, permitió que otros actores internacionales de relevancia –como el G-20 y la CEPAL-, apoyados por gobiernos de naciones africanas, se sumaran a la idea de adoptar esta medida a nivel global.
Por desgracia, hoy, a ya poco más de un año de que se diera tan importante discusión global sobre esta iniciativa, la Unión Europea acaba de anunciar que no se logró llegar a ningún consenso para aplicar la Tasa Tobin a nivel regional.

Sencillamente, los 27 países que conforman el bloque, no pudieron ponerse de acuerdo. Gran Bretaña, el mayor centro financiero europeo, apoyaba la implementación de la tasación, siempre y cuando se diera a nivel global y no solo europeo. Otras naciones como Estados Unidos, China o Canadá, también se pronunciaron en contra, pues consideran que con esta medida se pone demasiada carga a los bancos.


La pregunta que nos viene a la mente es: ¿Cuándo llegará el momento en que los gobiernos centrales den prioridad a la igualdad económica planetaria? La Tasa Tobin parece ser una alternativa por demás factible para lograr por primera vez, una canalización efectiva de recursos del norte hacia el sur.

Del desarrollo al subdesarrollo. No debemos olvidar que gran parte del crecimiento económico de las naciones industrializadas, pero sobre todo de las empresas globales, se debe a los recursos, mano de obra y mercado que los países subdesarrollados ofertan.


Aunado a esto, el sistema que nos domina permite desproporciones exacerbadas en los sueldos y prestaciones obtenidos entre los trabajadores, dependiendo del rango o jerarquía empresarial. La brecha social, es cada vez más marcada y no parece haber solución alguna que permita mitigar esta constante. La Tasa Tobin parece ser una opción bastante viable. 

Ha sido considerada para dar solución a diversas problemáticas concernientes al sistema económico imperante, en diferentes periodos de la historia reciente. ¿Qué esperamos para poner en marcha este tipo de acciones que no harían más que impulsar –al menos ligeramente- la equidad por medio de la redistribución de un mínimo monto de los recursos económicos disponibles en los mercados globales?

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La historia, plagada en el último siglo de crisis económicas recurrentes, reflejan las inconsistencias y contrariedades del sistema. Si seguimos tomando las mismas acciones de siempre, obtendremos los mismos resultados de siempre. No es posible “sanear” el sistema financiero mundial bajo las premisas que se han adoptado hasta nuestros días.

La situación griega y española, confirman esta tendencia. Necesitamos de nuevas estrategias que traten de corregir las fallas tan evidentes del sistema. La Tasa Tobin es una de ellas.


 


[1] Díaz, Nancy.»FMI recula: la apertura fue dañina.» En Periódico Excélsior. 2007-10-10. Año XCI. T. V. Núm. 0000032. Secc. Nacional. P. 1.
[2] Estimado a los montos financieros globales de principios de siglo. Ver Ramonet, Ignacio. “Globalización, ética y empresa”, en Cortina, Adela. Construir Confianza. Edit. Trotta. Madrid. 2003

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